El pie derecho se levanta, traspasa la línea del piso, toca el suelo de la estación de tren, y luego lo sigue el izquierdo. Las manos se refriegan, hace frío, se levanta la cabeza muy lentamente, y ud. lo comprende, si, es verdad, esta en EEUU…Podría no estarlo, pero hay algo en el ambiente que le hace apostar por dicha sentencia de un modo axiomático. Su cabeza comienza a girar, sus ojos panean de arriba abajo, de lado a lado el espacio de la estación…los olores lo invaden, aparece la nausea, el hambre, una nunca antes conocida sensación de saciedad. Comienza a caminar, la quietud podría ser mortal en tales circunstancias, su cuerpo toma la velocidad necesaria para transitar el túnel de alborotos del suelo de la estación. Perdido en el empuje, extasiado, pero aun conciente ud distingue a lo lejos la escena mas absurda… la carne de un niño y una niña es marcada, cortada, su libertad retenida, paralizada, su equilibrio manipulado, su humanidad reducida a la animalidad: su madre, la amada madre, los lleva con correas, a esos niños que como perros feroces corren hacia adelante tratando de escapar. Sí, ud. lo comprende, es verdad, está en EEUU. O bien podría no estarlo, ya que no existe lugar en el mundo donde los perros sean niños. O si?
muy grosso el blog, veo que están haciendo un poco de antropología urbana, y lo novedoso es que en vez de ir de una universidad yanqui a conocer pueblos salvajes y sin historia,van a hacer la cosa al vesre. Yo no se si a los chicos conviene tratarlos como juglares, pero que más de un padre le ladra a los chicos, eso sí que lo he visto muchas veces. No se trata, después de todo, de devenir animal?
ResponderEliminarSi, de acuerdo, pero con ese mar de gente los prefiero atados que secuestrados, violados y encontrados muertos más tarde.
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